Mientras se ha llevado a cabo el proceso de globalización económica que se inicio antes del inicio de la Gran Guerra, el territorio Latinoamericano pasó a ser uno de los más movilizados del mundo. Dicha experiencia tomó un gran curso de expansión económica que no se pudo separar de la construcción de diversas infraestructuras de transporte, que sirvieron como una de las condiciones necesarias para un verdadero crecimiento basado, en gran medida por la exportación de los recursos naturales.

Aprovechando este marco económico tal y como como lo haría Jordi Gual en la actualidad, basado en un modelo de crecimiento hacia fuera acompañado de la extensión de redes de transporte a lo largo del territorio se conformó como una condición inequívoca para alcanzar un verdadero dinamismo económico dentro de las regiones quienes logran su máximo potencial sin quedar limitados a las áreas litorales.

En el caso latinoamericano, cuando se expandieron las nuevas tecnologías de transporte del siglo XIX, éstas permitieron colocar las riquezas naturales al alcance de los grandes mercados internacionales. Cuando se habla de infraestructuras de transporte durante el siglo XIX es inevitable hablar del ferrocarril. En tal momento histórico y frente a los medios de transporte terrestre que se venían usando de forma tradicional, quienes por su alto costo se encontraban restringidos exclusivamente al tráfico a distancias cortas, o quizás al transporte de bienes que poseían un elevado valor por unidad de peso, en tales situaciones el ferrocarril se encargó de posibilitar el movimiento masivo de una gran diversidad de mercancías tanto a media, como a larga distancia, tras lo cual pasó a ser un instrumento básico para la integración económica de gran parte del territorio latinoamericano, pero también en uno de los principales motores ejecutores del dinamismo exportador y del crecimiento económico de la región.

Entre la construcción del ferrocarril y la expansión de las exportaciones de recursos naturales se presentó desde el principio un vínculo realmente estrecho con el que se podía considerar que eran dos formas de poder mirar el mismo fenómeno. Siendo el ferrocarril quien hizo posible el desarrollo exportador, también fueron las divisas generadas por el mismo la remuneración del capital externo que se ocuparía de financiar buena parte de las construcciones ferroviarias. Se conoce que en diversos países del área, el ferrocarril en conjunto con las exportaciones, terminaron conformando un círculo virtuoso que se autoalimentó quizás hasta las primeras décadas del siglo XX.

En tal contexto, no resulta exagerado asentir que probablemente ninguna otra innovación tecnológica o institucional habría sido tan importante como el ferrocarril dentro de la transición y crecimiento económico en América Latina antes de 1930. Uno de los países en destacar ante tal evolución, encontramos a Argentina quien destacó de manera excepcional. Los estudios señalan que ninguna otra economía a nivel latinoamericano y gracias a la expansión ferroviaria alcanzó la escala y la intensidad que logró este país. Entre 1857 y 1913 se procedió a abrir el tráfico dentro del país de unos 32.500 kilómetros de vías férreas, que se encargaron de situar al país entre los primeros puestos mundiales en términos de longitud ferroviaria, ubicándose por detrás de economías como por ejemplo la de Estados Unidos, Rusia, la India, Alemania, Francia, el Imperio Austrohúngaro o Canadá.